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Agenda cultural

EEn latín, el Corazón se llamaba “Cord, cordis”, y así podemos deducir que las cuerdas de los instrumentos de música son la expresión más íntima y directa de los sentimientos del corazón. En esta exposición se presentan cincuenta instrumentos musicales del mundo, donde se escucha el sentir de las almas de los distintos pueblos de la Tierra: el amor, la tristeza, la alegría, el dolor, la ilusión, el canto de una madre, el llanto de un niño, la esperanza, la fuerza de la juventud… La forma del instrumento puede cambiar, pero la vibración de sus cuerdas, las ondas emitidas, reproducen los mismos sentimientos de todos los seres humanos. Los instrumentos representados exhiben una gran variedad en el número de cuerdas. Pueden ser monocordes, como el Dan Bau de Vietnam, de dos cuerdas, como la Guzla de la antigua Yugoslavia, y pasamos a cuatro, que son las que tiene nuestra Guitarra Renacentista, simbolizadas en los cuatro humores y en las cuatro estaciones... El mayor número de cuerdas nos le ofrece la Bandura de Ucrania que tiene cincuenta y cinco, y en estos cálculos, nos encontramos con Platón, para quien la música y las matemáticas formaban una misma unidad y los números tenían una amplia simbología. De esta manera, podemos decir que existe un paralelismo entre la ciencia de la armonía musical basada en la teoría del sonido, los tonos, los intervalos, las escalas y los ritmos, con la armonía que envuelve al Universo y cuyo sentido es aquel, por el que se rigen las leyes de la naturaleza. Las fuerzas y vibraciones de las cuerdas proyectan sus correspondencias sobre las siete notas de base de la escala musical, en relación con los siete planetas. Los materiales utilizados pueden ser: metal, seda, o tripa de cordero. Éstas últimas encierran toda una simbología; cada una tenía un color y un significado distinto y concreto, provocando unas sensaciones diferentes en las personas que escuchaban sus sonidos: La de color amarillo, símbolo del fuego y la bilis, el carácter biliar, se siente invadido por la tristeza y la melancolía; El color rojo, símbolo del aire y la sangre: la alegría y el regocijo inunda a las personas de carácter sanguíneo; No podía faltar el color blanco que simboliza al agua y el humor flemático, por su ligereza y el timbre delicado llevan a la alegría” Finalmente, el color negro, símbolo de la tierra y la atrabilis, lleva al melancólico, a sentir la sensación de miedo y terror, y da sosiego a las almas inquietas.
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